ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Friday, February 06, 2009

ElMonito en vacaciones, Capítulo 4

LUCHA SANGRIENTA, A MUERTE

Desgraciadamente las cosas no siempre resultan como se piensan. ElMonito pensó que disfrutaría por fin con su querido tío de unas lindas vacaciones, mas la realidad lo tiene esta noche bajando unos escalones en compañía de dos monstruos que si se describieran como realmente son generarían una estampida de lectores, mayor aún que la estampida que provoca el estilo del escritor. En suma, el pobre títere se quedaría solo en ese castillo, pues del tío mejor ni hablar: éste baila como contratado ese extraño baile llamado la yenka. De modo que dejémoslo con sus dos monstruos bajando y bajando a oscuras.
-Apúrate, perro-sapo.
-Es me cuedo caer porque la escala de piedra es no tan parejita. ¡Es refalosa!
-No hables.
-Es que si no hablo entonces me quedo callado y descués si estoy callado cuedo pensar y entonces si pienso me cuedo asustar porque a lo mejor pienso que me cuede pasar algo malo con los moutros, así que mejor hablo porque cuando hablo entonces siento como la carganta mojada, así que no sé.
-¿Nos tienes miedo?
-Sí, porque son moutros que hablan. Los moutros que hablan dan más miedo que los moutros que no hablan. En El Aro 2 parece que salía un moutro que hablaba, y tan bien salía un moutro que hablaba en El Resplandón, pero en El Resplandón el moutro era un señor, pero tenía cara mala, porque...
-¡Cállate de una vez por todas!
(Y de una patada lo hacen bajar al fondo del castillo).
-¡Auch! ¡Caí sentado y me dolió el popó!
-¡Por hablador!
ElMonito mira a su alrededor. A lo lejos se divisa una lucecilla, algo así como la salida de un túnel. Es lo único que ve. Además siente como bajan los monstruos por los escalones. Los siente como si estuvieran a unos 20 metros sobre él, desde tan alto se vino abajo.
-¡Tío, venga salvarme! -grita con todas sus fuerzas. El eco le devuelve sus palabras desde muy arriba. De vez en cuando le caen gotas gelatinosas en la cabeza.
-¡Ja ja ja, tu tío sigue bailando yenka! -dice un monstruo.
-Me están cayendo gotas como de goma -piensa ElMonito en voz alta.
Los monstruos se hablan.
-¿Que ya fue el sacrificio? No me lo habías dicho.
-Tuve que adelantarlo.
-¿Y a quién le pediste permiso?
-A nadie.
-¿A nadie? ¡Grrrrrrrr!
Los monstruos se enfrascan en una violenta pelea. Ruedan por los escalones y caen junto a ElMonito, pero no lo toman ni en cuenta. El "mequetrefe" corre a ciegas hasta que da con una pared y allí se protege. La sangre de las bestias le salpica en la cara. Siente los mordiscos como si los recibiera él y aúlla de susto.
-Auuu... Dejen de peliar, señores moutros que hablan, porque es malo peliar porque cuando los señores pélian sale chicha y descués no tienen más sangre y quedan sangrados, pero tan bien salen cototos en el ombligo y tan bien cueden salir cototos en la canilla y en la frente...
(La pelea de las bestias no conoce límites).
-¡Muere, rapaz e insolente!
-Muere tú, aggg...
La lucha ha llegado a su fin. ElMonito tirita en su rincón. Muy cerca suyo siente como un monstruo, el vencedor, se come al otro, con una voracidad infatigable. La tarea le toma unos 20 minutos, durante los cuales nuestro títere permanece asombrosamente en silencio. Pero al terminar...
-Hummm.... cuánta carne he comido... me haría bien un postre... algo fresco... liviano... ¡eh, tú, perro-sapo! ¡Dónde estás!

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