ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Tuesday, January 18, 2005

ElMonito sale del closet

Cada cierto tiempo los periodistas acostumbran a ordenar sus documentos. Son tantos los que reciben diariamente que si no practican una limpieza diaria los estantes se van engrosando traicioneramente y de pronto los armarios revientan. Ahora, después de cinco años, M. Lamordes se decidió a acometer la ingrata tarea. Y llega a sudar.
-¡Uf, cuánto papel!... pero... ¿y esto? ¡Si todavía está aquí!
-Hola, querido tío señor Lamordes... ¡cof, cof, está más viejito, cof, cof! Por fin se acordó de este pobre y triste títere...
-¡ElMonito! Casi te había olvidado, a ti y a tus impertinencias. ¿Cómo estás?
-¿Cómo que ‘‘casi me había olvidado’’, tío? ¡Casi-casi-casi!, o sea que me había olvidado de verdá, no de mentira, porque mire como me tiene adentro del clóse, en completo estado de enflaquecidad. ¡Estoy en los puros güesitos y no se cómo todavía cuedo hablar así como me está oyendo hablar, mientras tanto que como no podía hablar se me había olvidado hablar y ahora que estoy hablando me acordé que me gusta hablar, tío, así que pregúnteme para que le conteste!
-¿Y qué te voy a preguntar, si ya veo que estás vivito y coleando? Pregúntame tú, mejor.
-¿Se clasificó la selección para jugar el Mundial de Corea, tío?
-¡Pero si el Mundial de Corea y Japón ya se jugó hace dos años! Ahora viene el Mundial de Alemania.
-¡Chuta, el mundial de Alemania! Ojalá que los clasifiquemos porque yo quero comer dienesa porque dicen tío que las dienesas nacieron en Alemania.
-¿De dónde sacaste esa estupidez? Las vienesas habrán nacido en Austria.
-¿Autria no es de Alemania?
-Austria es Austria y Alemania es Alemania. Ahora, que hayan sido uno solo en la Segunda Guerra Mundial es otra cosa, pero sería una pérdida de tiempo explicarte.
-¿No ve que me está mirando en menos, tío? Por eso descués me dan los nervios de la tristeza y me dan ganas de llorar. ¿Cuánto crecí en este tiempo?
-A ver... dos milímetros. Muy poco. Te estás quedando chico.
-¿Cuánto son dos milímitros, querido tío señor Lamordes?
-Esto.
-¡Dos palitos! ¿Eso no más?
-Eso no más.
-Chuta. Quedé chico. Parece que voy a ser chico. ¿El tío Zaldívar tuavía está vivo, tío?
-¿Por qué dices eso? Claro que está vivo. Y sigue siendo senador.
-¿Y el tío Horacio Saavedra tan bien es senador... bah, tan bien está vivo?
-Claro que sí.
-Entonces yo tan bien cuedo ser chico, porque los chicos cueden ser famosos. Quero ser chico.
-El enano degollador también era chico.
-¿Quién era el enano gollador?
-El del crimen del hotel Princesa.
-¿Qué cosa es el hotel Princesa?
-¡Qué sabes tú! ¡No sabes nada!
-¡Pero si no me lee los diraios cómo quere que sepa!
-Está bien, está bien. Además, casi nadie se acuerda ahora de ese crimen. Los años pasan para todos.
-No importa tío que se ponga viejito, porque yo lo voy a seguir queriendo igual que cuando me compró un trencito ese día que me llevó al Sológico a ver al hicocótamo ¿se acuerda?
-Este... sí... me acuerdo perfectamente.
-Cómpreme un trencito.
-¿Que ya tienes hambre?
-¡Pero si no me ha dado chocolate hace cinco años! Merezco por lo mínimo como catorce chocolates. ¡No, mejor merezco por lo mínimo como once chocolates para que sepa!
-Está bien. Acompáñame a la máquina de dulces.
-¡Vivaaaa!
-Ven, dame la mano... Oye, de verdad que estás en los huesos.
-Míreme las rodillas, tengo como unas pelotitas de güeso en la mitad de las rodillas... Ah... tengo hambre... quero chocolate.
-Toma...
-¡No, espere!
-¿Qué?
-¿Ve que la embarró? Siempre la embarra para que no esté contento... ahhh... ¡guaaaaaaaa!
-¿Pero qué te pasa, El Monito? ¡Aquí está tu chocolate! ¿No lo ves? Toma, cómetelo.
-¡Es que yo quería apretar los botoncitos de la máquina!... ¡Guaaaaa!
-No llores tan fuerte, que van a escuchar. Ven, échale ahora tú las monedas y sacas otro.
-No. Tan bien quero papas fritas. ¿Cuál es el botón de las papas fritas, tío?
-Ya deberías conocer los números y las letras. Es el H-14, ¿ves? Aprietas la letra H y después el número 14. ¿Entendiste?
-Claro, pero no mucho. Esplíqueme un poquito.
-No has cambiado nada. ¿Cuál es la H?
-Eh... la H... ¿esta?
-No, imbécil. ¡Esa es la M! La H esta ésta, ¿ves?
-Ya... no me rete. ¿Por qué me reta bajito? ¿Por qué no me reta fuerte?
-Concéntrate. Mira. Este es el número 14. Un 1 con un 4. ¿Entendiste?
-Ya. ¿Cuedo apretar los botoncitos?
-Hazlo. Firmemente. ¡Cuidado, no saques el dedo!... ¿Ves? Perdimos la moneda.
-Chuta, la máquina los robó la moneda, tío. Fregamos no más... ¿No le quedan más monedas?
-Me queda la última. Ahora aprieta firme, sin despegar el dedo. ¡Eso! ¿Ves como caen las papas fritas?
-¡Viva! ¡Usté es un genio, querido tío señor Lamordes, lo malo es que es muy retón pero yo creo que con el tiempo me va perdonar porque ahora me voy a poner aplicado y no me voy a portar nunca más mal y siempre me voy a portar puro bien pero no me deje más encerrado en el clóse, ¿no ve que a lo mejor por eso crecí puros dos palitos no más?

Friday, January 14, 2005

ElMonito va al circo

-Tío, lléveme al circo de Las ánguilas humanas.
-Las águilas humanas.
-Eso. Lléveme.
-No puedo. Estoy ocupado.
-¡Pero si ya trabajó! ¡Ya escribió las noticias!
-Me estoy documentando.
-¡Siempre dice lo mismo y yo lo veo que no está tan ocupado, porque está puro leyendo el diraio!
-Eso es estar ocupado. Estar leyendo.
-Estar ocupado es estar haciendo las tareas o estar poniéndose el iniforme o tan bien cuede ser estar ocupado... estar ocupado....
-Ya, calla, títere de poca monta. Ve a tu closet a dormir, que atardece.
-¡No quero, porque yo quero ir al circo de Las ánguilas humanas.
-Las águilas humanas.
-Lléveme.
-No.
-Entonces fregué no más. No voy a poder ir al circo de Las ánguilas humanas. Y justo que yo quería ver los osos que juegan a la pelota y el niño que lo disparan por un cañón de verdá y sale volando por el aire y justo va caer al otro lado del circo, y casi cae encima de la parca del circo, tío.
-¿Dónde viste eso?
-Me lo contaron unos niñitos de la esquina de su casa donde vive usté.
-¿Cuándo te llevé a mi casa?
-El domingo que pasó. ¿Que no se acuerda?
-De veras. Se me había olvidado.
-Entonces ahora lléveme al circo...¶
-... Las águilas humanas.
Tanta insistencia de ElMonito termina por cansar a su tío, quien dobla el periódico, se pone el vestón y toma de la mano al títere. ElMonito salta de alegría. El pobre pasa su vida en el diario, guardado en un closet. Es un milagro que ahora su tío se haya compadecido de él y lo haya decidido sacar a la calle para romper la rutina. En un dos por tres se han subido al Metro y en menos de diez minutos están ante la boletería del circo.
-Empezaron los problemas, masculla el tío.
-¿Por qué? -pregunta El Monito.
-¿Que no ves la tremenda cola?
-Chuta; entonces a lo mejor los vamos a perder el acto principal donde tiran al niñito por el cañón de verdá y va dar al otro lado del circo y casi sale para la calle el niñito, tío.
-Tal vez. ¡Hummm, diablos!
Los minutos pasan y la fila avanza lentamente. El tío ahora reclama porque hace frío. Finalmente llega a la ventanilla.
-Un adulto.
-¿Me está comprando entrada de grande, tío?
-¡Calla, animalejo!
-¡Pero compró una sola entrada! ¡Quere decir que me va dejar afuera!
-¡Guarda silencio! Ven conmigo y no hables.
-¿Para qué?
-Cuando lleguemos a la entrada te pasas por debajo mientras yo muestro el boleto.
-¡No, porque me da vergüenza!
-No tienes otro camino. Ya vamos llegando.
-No quero, tío.
-Ahora, pásate.
El tío muestra su boleto e ingresa. En el tumulto, su sobrino se le pierde.
-¡ElMonito, dónde estás!- le grita, pero nadie responde y la gente lo empuja hacia la carpa. El Monito, en tanto, ha caído en las manos del mortal De Lezna, quien lo conduce al instante al carromato del siniestro doctor Cao de Nanjing. Una vez allí, abre la puerta y lo arroja hacia adentro. El maléfico chino abre los ojos y exclama:
-¡Otlo niño tonto que quelel pasal glatis al cilco!
De Lezna, quien se gana la vida esperando momentos como éste, para arrojar ácido a la cara de los infantes y deformarles el rostro, echa su mano al frasco que guarda siempre en el bolsillo para proceder, pero su jefe lo detiene.
-Dejal títele conmigo, De Lezna, polque palece que tenel colazón goldito.
Cada loco con su tema, piensa De Lezna, y se retira. Dentro del carromato, el doctor Cao se dispone a sacarle el corazón a ElMonito para devorárselo y así poder seguir viviendo. El pequeño tirita de susto.
-¡Tío señor Lamordes! ¡Estoy preso por un dostor que se llama el dostor Cao de Nanllín!
El doctor Cao ríe y se enfurece.
-¡Glital más fuelte, polque afuela no escuchal nadie! ¡Glital! ¡Glital!
-¡Tío, ayúdeme!
Realmente, los gritos de ElMonito se pierden entre las voces de algarabía. El doctor Cao se sube las mangas y ya canta victoria. Mientras se prepara para la tenebrosa operación, entona una vieja canción inventada en su niñez:
El doctol Cao de Nanjing, viene a sacal el colazón, cuiden a sus niños pol favol, pues de lo contlalio molilaaaan...
Cuando se acerca a la silla donde está sentado ElMonito lo mira a los ojos y acerca su mano derecha. Sus garras se le clavan en el pecho y la mano comienza a introducirse hasta tocar el pequeño corazón, que palpita de angustia.
-¡Ayyyy! ¡No me saque el corazón, dostor Cao de Nanllín! -grita, horrorizado.
El doctor palpa el órgano con la mano.
-Sacal colazón con venas y altelias -amenaza.
ElMonito casi desfallece. Siente cómo las garras aprietan y sueltan, hasta que de pronto nota una mirada de molestia en el chino. Las garras se retiran, vacías.
-No tenel nada de calne. Estal inmadulo -se lamenta.
Pero la pesadilla no ha finalizado. El doctor Cao se levanta y llama a De Lezna. Antes, le comenta al títere:
-¡Suflilás pol paltida doble! ¡Y después vendlá un ejélcito de latas y te comelá las patas!
-Ay, no dostor Cao de Nanllín -suplica ElMonito- porque no me lavé los pies, porque ando hace como tres días con las zapatillas. Entonces las ratas cueden dormirse y descués se las cueden comer los gatos, ¿no ve?
De Lezna llega a la puerta y pregunta:
-¿Lo de siempre?
El chino le contesta con una reverencia. ¡La reverencia de la muerte! El esbirro desaparece con ElMonito, tras unas cortinas.
En el circo, todo es alegría y novedad, pero el tío no se fija en la pista, sino que dirige sus miradas hacia los palcos, tribunas y galerías. Casi llora de ansiedad.
-¡Por qué seré tan descuidado con el pobre títere! -se lamenta- ¡Por qué lo trataré tan mal!
Pero la vida no se arregla con lamentos y en el intermedio recorre el circo completo, por dentro y fuera, sin dar con él. Contempla con tristeza cómo los niños se abrazan a sus padres, cómo les exigen bebidas, golosinas, y cómo los mayores, aún los más humildes, los consienten.
-Si lo encuentro seré como un padre para él -se promete a sí mismo.
La orquesta llama a proseguir la función, que se inicia con un show del payaso Gondolita y una prueba de malabarismo de Matillitas, el Gusanómeno del Círculo. Humberta, la Mujer de Plástico, hace maravillas en el trapecio y los osos se lucen jugando a la pelota. Ha llegado la hora del número estelar, a cargo del profesor Fumarola. Dos hombres arrastran un pesado cañón y lo colocan en un extremo de la pista. El público enmudece y los niños se tapan la vista con las manos cuando arriba, casi rozando la carpa, se enciende un aro, por el cual pasará una persona que será disparada desde el cañón.
El profesor Fumarola mide la distancia y calcula el ángulo. Cuando acerca el fósforo a la mecha aparece la cabeza de El Monito desde adentro del cañón.
-¡Tío, sálveme! -grita.
-¡ElMonito! -exclama su tío, en la galería.
La gente lo mira, extrañada. Los padres tranquilizan a sus hijos y les explican que eso es parte del espectáculo.
-¡No dispare! -grita el tío.
El público está hipnotizado, mirando el cañón.
El fósforo toca la mecha.
-¡Booooom! -suena el disparo.
ElMonito se eleva por los aires y pasa medio a medio del aro en llamas, atraviesa volando la pista y va a dar a la galería... ¡justo a los brazos de su tío!
El público aplaude de pie y felicita al profesor Fumarola, quien saluda y se retira. El títere casi no puede hablar.
-Menos mal que me salvé -dice, con voz bajita.
-Ya estás en mis brazos y nunca más te voy a dejar solo, lo consuela su tío, nervioso.
-¿No ve que eso me pasó porque usté me dijo que me calara y no me quiso comprar la entrada, entonces descués llegó un señor malo y me llevó al carro de otro señor malo que es un chino que se llama el dostor Cao de Nanllín...?
-Pero el doctor Cao de Nanjing no es malo, ElMonito. Es el mago del circo.
-¡Es malo, tío! ¡Me quería sacar el corazón!
-Qué ridiculeces dices.
-¡Es verdá, no es mentira!
-Tú y tus fantasías infantiles. Míralo, ahí está.
El doctor Cao se mueve con maestría en la pista. Inventa unas palomas en una jaula vacía y rocía de perfume oriental el ambiente, mientras una música de flautas le da un cariz misterioso a la escena. Los niños aplauden al chino, quien se despide con una reverencia.
-¡Mire, tío, esa es la reverencia de la muerte! ¡Es la misma reverencia que le hizo al otro señor malo que me quería echar fuego en la cara por un tubito de vidrio!
El espectáculo ha terminado. Ambos caminan hacia la calle.
-¡Ese es el otro señor malo, tío! ¡Ese que está ahí!
-Calla, tonto. Es un simple guardia del circo. Mira, nos saluda amablemente. Dile buenas noches.
-¡Pero si es malo!
-¡Saluda, animal!
-No quero.
-Saluda. Sé educado. ¡Vamos!
-Buenas noches, señor... malo.
-Buenas noches, títere, buenas noches. ¿Te gustaría conocer el circo? ¡Ven con tu tío, acompáñame!
-¿Está más loco? Ni tonto, porque usté me quería echar fuego en la cara con un tubito.
-Sé educado con el guardia, ElMonito. Entremos un momento.
-¡No! ¡Quero ir a su casa con usté!
-¡Al closet te llevo ahora mismo, por desobediente!
El tío se dirige al guardia, antes de marcharse.
-Discúlpelo, por favor. Es que tiene sueño y está cansado. Así son los niños.
Una vez sentados en el Metro, con tantas emociones vividas, ElMonito se duerme profundamente en los brazos de su tío. Ya no le importa dónde pasar la noche, si en un closet o en una casa. Su sueño es muy profundo.
Apenas siente cuando lo depositan en una blanda cama y le dan un beso. Apenas esboza una sonrisa de placer... al continuar durmiendo.