ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Thursday, July 05, 2007

ElMonito va a Egipto (Capítulo 7)

EL SACRIFICIO


El doctor Cao escuchaba los ruegos de ElMonito con una sonrisa extraña en los labios. De pronto contestó, bajándose de la esterilla:
-Desglaciadamente no podel decil eso a indios polque no entendel idioma.
-¡Pero parece que los calíbanes me queren comer, dostor Cao de Nanllín!
-Liblo que leel doctol Cao decil que indios del Amazonas pedil saclificio de niño cuando las cosechas estal malas.
-¿Y cómo están las cosechas, dostor Cao?
-Malas. Indios estal en pulo huesito.
-¿O sea que entonces me cueden hacer un satrificio?
El doctor Cao no respondió, sino que metió los brazos dentro de las mangas e hizo una reverencia, bajando la cabeza. ¡La reverencia de la muerte!
-¿Qué cosa es un satrificio? -le preguntó ElMonito, aún inocente de lo que le esperaba.
-Ya velás, quelido títele, ya velás.
Mientras hablaban, algunos indios pintaban sus rostros, otros sacaban tambores de las chozas y otros preparaban una fogata. Mujeres desnudas ofrecían frutas al chino, que éste rechazaba para dárselas a ElMonito, ante la sorpresa de la tribu.
-Gracias, dostor. A mí me gustan los plátanos más que las naranjas, porque los plátanos son más ricos que las naranjas, porque son más blanditos y a propósito que las naranjas dan una cosa porque son ácidas, pero no son tan ácidas como los limones, ¡porque los limones son más ácidos! Una vez me comí como tres limones...
-¡Celal la boca! -ordenó el doctor Cao.
-Ñam ñam... bueno... ñam ñam... ¡tenía hambre, dostor Cao!
-Comel, comel, hasta que ponel goldito. Cuelpo goldito, colazón goldito.
-Oiga, dostor, ¿por qué tenía dos corazones de niñitos en el maletín?
-¡Qué! ¡Dónde estal maletín de doctol Cao! ¡Decil de inmediato!
-Estaba botado en la selva y yo lo encontré botado, dostor Cao de Nanllín. Cuando ni tío lo abrió salieron dos corazones y se los tiró a las pirañas y las pirañas se los comieron al tiro los corazones, y el agua se puso rojita y descués se volvió a poner blanca. Ni tío dijo que era un tránsito de órganos. Y dijo que usté era malo. Yo le dije que sabía antes que él que usté era malo, porque usté tiene las uñas largas, ¿no ve?
El doctor Cao se miró las uñas e hizo un gesto de desprecio.
Atardecía nuevamente y las lenguas de fuego iluminaban la paja y el adobe de las chozas, perdiéndose la luz en la espesura de la selva. Escondido entre el follaje una figura conocida observaba la escena.
-¡Lo último que faltaba! ¡ElMonito capturado por los indios y el doctor Cao transformado en ídolo de la tribu! -se lamentaba el tío en silencio.
Lamentaba su suerte, la de su títere, al tiempo que maldecía haber aceptado aquel famoso viaje a Egipto, que lo había traído hasta aquí.
-Y ahora, ¡cómo hago para salvar a este pedazo de trapo!
Dudaba. Pensaba cobardemente:
-¿Y si me voy, nomás? Después de todo se trata de un títere, no de un niño de verdad. Tampoco es mi hijo y, como mucho, lo he aceptado a regañadientes como sobrino. Sólo me hace pasar malos ratos. Además, si no fuera por él, yo no estaría aquí...
Quería convencerse de lo que decía. Sus miedos más recónditos afloraban a la hora de las reflexiones.
-Nadie lo quiere, nadie lo echaría de menos. Y por si fuera poco, ¿quién me garantiza que si lo salvo ahora no morirá más tarde en las fauces de un caimán o mordido por una serpiente? ¿Qué posibilidades reales tengo de salvarlo, yo solo contra los indios y contra el chino?: ¡ninguna! Estoy frito, soy hombre muerto. Basta dar dos pasos hacia las chozas para que me apresen y hasta me liquiden. ¿Vale la pena perder la vida por ElMonito?
Envuelto por sus temores y obsesiones, que se las ingeniaba para transformar en sólidos argumentos, el tío se bajó del árbol y emprendió la huida, en busca de la remota salvación. Caminó angustiado por la oscuridad y se internó nuevamente en la profunda selva, hasta perderse entre las inmensas hojas húmedas. Sentía de pronto en su oreja el cuerpo liviano de un insecto o el trote por la hierba de un animal desconocido. Descubría con pavor los temibles ojos de un felino, escuchaba el croar de las ranas y adivinaba en un desesperado aleteo la lucha entre una araña gigante y una mariposa nocturna. De todos esos ruidos y de todas esas espantosas visiones, un débil sonido que venía del caserío lo espantó más que ninguno:
-¡Tío señor Lamordes!
El tío se estremeció y quedó rígido como una estatua.
-¡Tío, tío! ¡Ausilio!
No se movía a uno ni a otro lado.
-¡El dostor cao de Nanllín me va a satrificar!
La voz de ElMonito sonaba apenas, como si estuviera en las últimas.
Un impulso irracional devolvió al tío sobre sus pasos. Su caminar se fue transformando en trote y luego en carrera. Lo guiaba la luz de la pequeña aldea.
El tío apareció de las frondosas plantas y se dirigió al maléfico chino. ElMonito estaba tendido sobre un altar, iluminado su esquelético cuerpo por el fuego. Los indios permanecían arrodillados y el doctor, parado sobre un tronco, se disponía a sacarle el corazón.
-¡Qué modales son esos, doctor Cao! -dijo el tío, entre firme y asustado.
-Vaya, vaya, ¿que no sel mi quelido amigo del avión, el honolable tío de este lindo títele?
-¡Suéltelo ya, doctor Cao! Es sólo un niño.
-De eso se tlata, justamente. Colazón de niño sel más lico que colazón de glande.
-¿No pensará...?
-¿Sacal?
-Sí. Sacárselo.
-Clalo que sí. ¡Doctol Cao sacalá colazón y se lo comelá! ¡Y bebelá sangle de colazón polque eso sel lo más lico que habel en planeta Tiela!
-¡No lo hará! ¡Yo se lo impediré!
Los indios seguían arrodillados, pero escuchaban el para ellos extraño diálogo con inquietud. Un desconocido les había interrumpido la ceremonia sagrada y debía merecer un castigo. Pero mientras el siniestro doctor Cao no diera la orden de actuar permanecerían en el suelo. En el aire se respiraba tensión.
-¡Nadie podel impedil a doctol Cao sacal colazón de títele!
-¡Péguele una chuleta en la cueva, tío! -gritó ElMonito- ¡O si no tírele una flecha con un tubito!
-¡Ja, ja, ja! ¡Mila como empezal a sacal colazón!
-¡No podrá!
Ausilio, querido tío señor Lamordes!
-¡Doctol Cao estal afilando uñas lalgas pala sacal el ólgano!
-¡Le daré su merecido!
El tío amenazaba, pero no hacía nada. El chino se acercaba a ElMonito. Los indios seguían en el suelo y el fuego ardía más que nunca, iluminando hasta las copas de los árboles.
Ausilio, tío! ¡Sálveme, por favor!
-Ahola ponel mano en el pecho y apletal hacia adentlo. ¡Ahola intloducil mano en cuelpo de títele y tocal colazón! ¡Mmm... colazón goldito, sabloso colazón!
-¡Tío, me está sacando el corazón! ¡Me duele!
-Ahola hay que sacal colazón con venas y altelias...
El tío no se dio ni cuenta como tomó una piedra y la arrojó a la cabeza del chino.
-¡Toma, bestia! -le gritó.
La piedra dio en el blanco y el doctor cayó al suelo. La herida se cerró de golpe en el pecho de ElMonito y el muñeco de trapo se puso bien de inmediato. Sólo la mano sangrante de Cao delataba la horrenda suerte que había estado a punto de correr nuestro pequeño héroe.
Sin embargo, el tío no contaba con los indios.
Furiosos por haber contemplado cómo caía su ídolo, derribado por un extraño, y sobre todo porque el ritual se había interrumpido en la parte más importante, los indígenas se lanzaron sobre el tío y se lo llevaron a una de las chozas, amarrado de manos y pies, junto a su sobrino.
Otro grupo recogía al sádico doctor, sin sentido, totalmente desmayado por el piedrazo.
Dentro de la choza, ElMonito parecía revivir.
-¡Tío, yo sabía que usté me veniría a salvar!, porque usté no es como los otros tíos que no salvan a los niños, porque usté salva a los niños, pero a mí no más me salva, yo creo.
-Parece que me he vuelto loco... ¡Por qué no me habré ido por la selva!... ¡Ya sabía yo que saldría de las cenizas para caer a la hoguera!
-¿O sea que está contento o sea que está no contento, tío?
-¡Tonto! ¡Nos van a matar a los dos! Si el chino no nos saca el corazón nos liquidarán los indios. ¿Que no te das cuenta?
-Pero usté me vino a salvar y ahora los vamos a escapar, ¿nocierto?
-¡Y cómo piensas huir! ¿Se puede saber?
-Claro. Mire, tío. Usté saca una cortapluma y corta las cuerdas y descués corta las otras cuerdas y los dos quedamos con las cuerdas cortadas y los vamos de esta parca y los escapamos a la selva y los salvamos. ¿No ve que es fácil?
-¡Tonto leso!
-Así salía en Indiana Yons y tan bien parece que así salía en La guerra de las galasias o parece que salía en El regreso del Lledi. ¿En cuál salía, tío? ¿Se acuerda?
-¡Son películas, cerebro de aserrín! ¿Es que nunca vas a aprender?
-Pero no me rete. ¿No ve que le estoy dando una buena idea?
-Perdóname, ElMonito. Tienes razón. Lo que pasa es que estoy demasiado nervioso y asustado. Creo que esta vez sí que estamos en peligro.
-¿A lo mejor los cueden matar, tío?
-Me temo que sí.
-Chuta. ¿O sea que no me va poder salvar?
-Me temo que no.
-¿O sea que a lo mejor me muero, tío?
-Es posible.
-¿Y si me muero me voy a ir al cielo o al infierno, tío?
-¡De las cosas que te preocupas!
-¡Es que no he hacido la primera comunión y a lo mejor entonces me voy al infierno!
-Tranquilízate. No te vas a ir al infierno.
-Ah, menos mal. Pero nunca me he confesado, tío, y tengo muchos pecados, yo creo que tengo como mil catorce pecados. ¿Me cuedo confesar, por si acaso?
-¿Y quién te va a confesar aquí en la selva?
Usté! Mire: hace como que es curita y me confiesa, ¿no ve que es fácil?
-¡Pero nadie puede suplantar a un sacerdote! Tú te salvarías, pero yo me iría directo con Don Sata.
-Es que pregúnteme no más por mis pecados sin decir que es curita, y descués me da la escomunión.
-La absolución.
-La acsolución.
-Mmm... si es tanta tu preocupación...
-Estoy creopupado porque es muy importante confesarse antes de morirse, porque así salió una vez en Marcenilo panivilo.
-Ya. Calla. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...
-Amén.
-¿Has pecado, ElMonito?
-Sí, tío.
-Dime tus pecados.
-Una vez dije que quería comerme un helado de chocolate y usté me lo compró, pero me quería comer un lolipop, entonces quere decir que dije una mentira, porque no quería comer helado de chocolate, en vez que quería comer de agua. ¡Y más encima que usté me compró de barquillo y yo quería de palito...
-¡Basta, basta! ¡Eso no es un pecado!
-¡Pero era una mentira y es malo mentir, tío! ¡Es verdá, no es mentira!
-Confiesa un pecado como la gente.
-¡Ah! Una vez prendí un fóforo y casi se incendió el clóse.
-¿Por qué lo hiciste, querido sobrino?
-Porque tenía miedo de la oscuridá, querido tío.
-Bueno. Estás absuelto de tus pecados.
-Gracias, tío. ¿Tengo cuántos padrenuestros que rezar?
-Ninguno.
-Entonces no vale, porque como tres padrenuestros hay que rezar o como catorce padrenuestros algunas veces, tío.
-Bien. Entonces reza tres padrenuestros.
-Ya.
(Al rato).
-Tío...
-¿Ya rezaste?
-No.
-¿Y qué esperas?
-Es que me sé hasta Padre nuestro que estás en los cielos no más. ¿Qué sigue descués?
-Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino...
-Ah, ya me acordé. ¿Y descués el Señor Cejú da el pan de cada día con Dorina o con mermelada de mora, tío?
-Solo.
-Ah, sí, de veras.
-Sigue rezando.
(Al rato).
-Tío, ya terminé.
-Bien, ¿quedaste por fin más tranquilo?
-No.
-¿Por que? ¿Qué te pasa?
-Es que no me quero morir tuavía.

4 Comments:

  • At 9:27 PM , Blogger Cristian said...

    A mí me parece que el señor Cejú da pan con Dorina. Lo que pasa es que nosotros no rezamos tanto.

    ¡Me imagino que se habrán escapado! Aunque muero por saber cómo.

    Saludos!

     
  • At 8:58 PM , Anonymous Negra... said...

    yo creo que a ElMonito le quedan muchos trencitos por comer tuavía.
    ¿y el tio no se confiesa?

    apurense¡¡¡ antes que despierte el doctor Cao...

     
  • At 4:46 PM , Anonymous Anonymous said...

    !Qué bien me lo estoy pasando con las aventuras de El Monito y su tio" - Dijo la lechucita que lo leia todo desde su rama.

     
  • At 8:16 PM , Anonymous norte grande said...

    Cada vez más notables las aventuras del Monito. Ojalá que al Sr. Lamordes se le le pase lo enojon

     

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home