ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Friday, July 13, 2007

ElMonito va a Egipto (Capítulo 12)

EL TÍO PIERDE LA FE


Día y noche. Noche y día. Así se la han pasado durante tres jornadas nuestros amigos, prácticamente navegando hacia donde indique la corriente del río más sorprendente del mundo. A veces reman a cielo abierto, bajo la luna y las estrellas o soportando torrenciales lluvias que duran minutos y que luego dan paso a un sofocante sol que les quema todo el cuerpo. A veces el curso de las aguas los lleva a un espeso follaje donde se levantan enredaderas y helechos de hojas que parecen orejas de elefante y donde vuelan mariposas gigantescas de todos los colores junto con millones de mosquitos que les tornan la vida imposible. Sobre las ramas que se cruzan arriba de sus cabezas dormitan boas o saltan monos chillones, aletean tucanes, corren arañas peludas en busca de alimento. En las orillas croan ranas; por la superficie del río se deslizan caimanes y yacarés; bajo las aguas se mueven feroces pirañas y veloces serpientes. Es la selva en todo su esplendor, de la que ElMonito y su tío ansían escapar a cualquier precio.
-Tío, estoy aburrido de andar en la selva, a propósito que antes me gustaba conocer el río Amazonas y ahora no me gusta tanto, porque ya me aburrí, además que es muy peligroso, porque hay pirañas que mascan y tan bien hay hormigas que pican y tan bien hay animales estraños que me dan susto, pero no hay guanacos que escupen, tío, menos mal, y tan poco hay osos polares porque los osos polares comen focas, entonces como no hay focas entonces no hay osos polares, porque los osos polares se murieron de hambre porque no habían focas y si nacen foquitas entonces van a nacer ositos polares y se van a comer a las foquitas, ojalá que no porque me da tristeza de pena. Y parece que tan poco hay liones, tío, o a lo mejor hay liones y están escondidos detrás de las hojas
-Paciencia, querido gaznápiro, que ya vendrán a buscarnos.
-Yo creo que a lo mejor no los van a venir a buscar nunca y los vamos a morir y descués cuando los entierren van a decir: ‘‘Aquí vamos a enterrar a ElMonito y al tío de ElMonito’’ y la gente va llorar mucho, pero yo no voy a poder llorar, porque voy a estar fallecido.
-¿Y quién crees tú que iría a nuestro funeral en la selva?
-Yo creo que va ir el dostor Cao de Nanllín si es que le avisan. ¡Chuta! ¡Ojalá que no me quera sacar el corazón cuando esté en el cajón, como los vanviros! ¿A propósito que cómo se va conseguir un terno negro el dostor Cao de Nanllín para ir al funeral, querido tío señor Lamordes?
-¡Las cosas que se te ocurren! El doctor Cao tendrá tareas más importantes que hacer que asistir a un entierro.
-¿Cómo son los funerales de la selva, tío? ¿Por dónde pasan los autos?
-¿Qué autos?
-Los autos que llevan el cajón con las flores y los autos donde van las personas que lloran en el primer auto y donde van las personas que van conversando arriba de los autos que van atrás y donde van las personas que se van riendo en los autos del final...
-No hay caminos en la selva.
-Entonces yo creo que los autos tienen que ser puros yic para que cuedan andar por la selva.
-Esos tampoco se la pueden aquí.
-Entonces quere decir que los muertos no se cueden morir.
-Sí. Eso es.
-¡Qué bueno! Entonces no los podemos morir en la selva, ¿no ve?
-¿Eso te alegra?
-Claro, porque no me voy a morir. Entonces a lo mejor alcanzo a jugar a los pleyestechon en Santiago y tan bien a lo mejor alcanzo a coleccionar el albun que estaba juntando y que me faltan como catorce monitos, parece.
-Ah, ya. Qué interesante. ¡Sigue remando, trapo sucio!
-Ya me está retando.
-¿Es que nunca te vas a cansar de hablar?
-Pero si estábamos conversando de las cosas de la selva. ¿No ve que eso es muy importante?
-Cállate de una vez y déjame tranquilo.
-Ya. ¿Quere descubrir una solución a que nos encuentren? Ojalá.
-Quiero meditar.
-Bueno, lo voy a dejar meditar y yo me voy a quedar calladito.
(Veinte segundos después).
-Tío...
-Qué.
-¿Meditó?
-Sí.
-¿Entonces ahora podemos seguir conversando de las cosas de la selva?
-¡Nooo!
-¡Pero si ya meditó!
-¡Cállate, animal! ¡No entiendes nada!
-Entonces esplíqueme y a lo mejor cuedo entender.
-Estoy furioso. Estoy nervioso. Pasan los días y no se escuchan los helicópteros. ¡Ya nadie nos busca! ¡Vamos a morir en esta maldita selva!
-No, tío, ¿no ve que no hay autos, así que no los podemos morir? ¿No se acuerda? ¡Usté mismo dijo!
-¡Bruto, mequetrefe cabeza hueca! ¡Nadie nos va a salvar! ¡Estamos solos! ¡No tenemos remedio!
-No se asuste, tío, ¿no ve que usté está conmigo y yo estoy con usté? Además que los vamos a salvar porque vamos remando derechito a Chile y yo creo que en unos dos días podemos llegar al río Loa y descués los bajamos del bote y tomamos la micro y llegamos a Santiago, ¿no ve?
-Oh, Dios mío, me has abandonado.
-¿Por qué habla como si estuviera solo?
-¡Porque tú eres sólo un mono de trapo! ¡Un títere! ¡Por eso!
-No. Yo soy ElMonito, para que sepa. Y vivo dentro del clóse pero tan bien sé jugar taca-taca igual que los otros niños, y en veces gano al taca-taca, y para que sepa el otro día les gané tres por dos al Toro y al Martínez, y se picaron porque yo jugué solo y con el arquero hice dos goles.
-¡Qué sabes de sentimientos, de angustias! Deja eso a los humanos. Déjamelo a mí. Y quédate tú con tu mundo de fantasía, con sus tonteras de niños...
-No diga eso, porque me pongo triste y me dan ganas de llorar porque en vez que me quera parece que no me quere y se me cueden salir las lágrimas, ¿no ve?
-Estoy solo en la selva. Voy a morir como un perro. ¡No quiero morir!
-No, tío. Va ver no más que el Señor Cejú los va salvar.
-¡Cómo nos va a salvar! ¿Se va a descolgar de los árboles y nos va a salvar?
-Claro, pero tan bien cuede venir corriendo por el río, ¿no ve que el Señor Cejú es esperto en andar por el agua? Una vez...
-Me sé esa historia. No me la cuentes.
-¿La historia de cuando andó por el mar o la de cuando hizo vino y se tomaron todo el vino los señores y quedaron curaditos y más encima que les dio hipo a los señores de los Diez Mandamientos?
-Blasfemo. Vuelves con tus cuentos de niños.
-Pero es que son cuentos de verdá, porque salen en La Biblia, para que sepa.
-Pobre de mí. Solo... perdido... y además... ¡aguantando a este mamarracho!
-Chuta. Fregué. Cuando habla así quere decir que estoy frito, porque senifica que está muy enojado conmigo porque me porté mal. O sea que ahora me va castigar. Fregué.
-No te va a pasar nada. Tranquilízate, si eso es lo que te preocupa.
-Menos mal. ¿Cuándo fue la última vez que me pegó con la correa, tío?
-Nunca te he pegado con una correa.
-¡Sí! ¡El año pasado me pegó con la correa! ¿Que no se acuerda cuando se me cayó la torta encima del poncutador y descués se me cayó un vaso de Fanta en las teclas del poncutador y a usté casi lo echaron del diraio y entonces le dijo al direstor que me iba a pegar con una correa y me pegó con una correa, para que sepa?
-Eso fue sólo un susto que te hice pasar. Para que aprendieras.
-Me dolió el susto porque se me hizo un cototo en la rodilla.
-Esos cototos los tienes de nacimiento, pero... ¡calla!
El tío le tapa la boca a ElMonito y éste guarda silencio. La selva le ha enseñado a escuchar mejor en estos pocos días y ahora le parece haber sentido un ruido extraño en el follaje, muy cerca de donde ellos navegan. Ambos miran hacia todos lados, agitados. Las hojas se mueven, pero podría ser el viento. Los monos chillones se retiran a otros sitios; diríase que escapan de algo, pero los latidos de la jungla son los mismos de siempre, aunque... sí, todo se nota más calmado, como si alguien acechara desde algún punto escondido.
-Shhh -repite el tío.
-Ya -le contesta su sobrino, con un susurro.
De pronto se escucha una voz inconfundible:
-¡Ahola, a ellos!
-¡El doctor Cao de Nanjing!
El siniestro y maléfico chino emerge de las plantas con diez indios que lo siguen, hipnotizados. Todos ellos lucen cicatrices en el pecho, inequívoca señal de que les falta el corazón.
-¡Pol fil los atlapalemos! ¡Doctol tenel ganas de comel colazón de títele! ¡A doctol hacélsele agua la boca!
-¡Jamás te comerás el corazón de ElMonito! -desafía el tío, con una valentía desconocida.
-¡Sí! ¡Me lo comelé entelito! -grita el doctor Cao, y ríe a carcajadas.
Los indios sacan sus cerbatanas y comienzan a apuntar a nuestros amigos, quienes se encogen y tratan de esconderse en el hueco del bote. Los primeros disparos rozan sus cuerpos antes de perderse en las aguas del afluente. El doctor Cao dirige las maniobras desde las ramas. ¡Durante su estada en la selva aprendió a trepar los árboles y a saltar por las lianas!
A los pocos minutos la situación se hace insostenible. El tío, desesperado por los disparos cargados de veneno, propone:
-¿Qué prefieres? ¿Morir en las garras del doctor o mordido por pirañas?
ElMonito, abrazado a su tío, tiritando en el hueco de la embarcación, le responde:
-Déjeme pensar un poquito.
-Decide ahora, porque el afluente se hace cada vez más angosto y pronto el doctor nos alcanzará desde la orilla.
-A ver... es que estoy pensando y no me cuedo decidir, tío.
-Ya vienen los indios.
-Yo lo que más quero es salvarme con usté.
-Entonces, ¡al agua!
El tío arroja a su sobrino al riachuelo turbio y él también se lanza. Con sus manos vuelca el bote, de forma que al sacar la cabeza quedan protegidos por el hueco y pueden respirar. Pero eso no los salvará, porque el bote es fácil blanco del doctor y sus indios. Y si se salvaran de ellos, las pirañas en pocos minutos los dejarían convertidos en puro hueso y uñas, lo que, nos tememos, les sucederá.
ElMonito hace un alcance insospechado:
-Mire, tío. Hay unas cañitas.
Su tío repara en la observación. En efecto, el bote, que flota por la orilla opuesta a la del doctor, roza unas pequeñas cañas que crecen en todo ese sector. De inmediato corta dos. Le pasa una a su sobrino y se queda con la otra.
-Vamos a dejar que el bote se vaya solo, ElMonito.
-Entonces no vamos a poder respirar, tío, y los vamos a morir, ¿no ve que nosotros no somos pescados, porque no podemos respirar debajo del agua porque no tenemos aletas para respirar, porque tenemos que respirar por la boca y si respiramos en el agua los entra el agua por la boca y los ahogamos y los morimos?
-Deja que el bote se vaya. Respira por tu caña y no te muevas de este sitio.
ElMonito hace la prueba y le resulta, pero comete el error de comentarlo:
-¡Se... glu... se cuede!... Glu... glu... tío...
-¡No... glu... hables! -lo reta el tío, quien también traga un poco de agua.
El títere entiende el mensaje y ambos se afirman a las raíces, debajo del agua barrosa, y respiran y continúan respirando, mientras el doctor Cao de Nanjing y su grupo de indígenas siguen al tronco, que se aleja, llevado por la corriente.

1 Comments:

  • At 1:42 PM , Blogger Cristian said...

    "La gente que se va riendo atrás en los autos en los funerales".

    Nada más cierto.

    Ojalá se salven para que continúen sus historias. Aunque me engañaron con el título de la novela, parece. :-)

     

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home