ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Friday, June 15, 2007

ElMonito va a Egipto (Capítulo 4)




PERDIDOS EN LA SELVA

Un aire húmedo y caliente recibe a ElMonito. El títere grita, desesperado, pero de pronto su vestido se infla y se abre igual que un paracaídas. El descenso se hace lento y casi agradable. Lo único malo es que abajo lo esperan los misterios de la selva y el Amazonas. Nuestro amigo no sabe si estar asustado o feliz, o ambas cosas. Algo, sin embargo, lo tiene intranquilo, algo que ha olvidado por un momento... o ¿alguien?
-¡Zuiiiiiiip!
Un objeto pesado que parece cometa cruza por su lado.
Ni Tío! -exclama ElMonito, y luego lo llama con todas sus fuerzas- ¡Tíooooo, tíoooo!
Abajo, muy abajo, en lo ancho del Amazonas, se escucha un sonido leve, casi como un corcho cuando cae a la tina:
-Pluf.
ElMonito, testigo de la zambullida de su tío en el río, lo alerta desde el aire:
-¡Nade a la orilla de acá! ¡No se hunda! ¡Nade más fuerte!
Su tío no se ha dado cuenta de los consejos que le envía su sobrino. Sólo está preocupado de llegar a tierra firme. Ya habrá tiempo de otra cosa. Pero el muñeco insiste:
-¡Nade más fuerte, porque unas cositas largas lo van siguiendo y lo van alcanzar! ¡Parece que son cocodrilos!
En efecto, el tío mira de repente hacia atrás y advierte la presencia de saurios que se le acercan con ojos lánguidos. La visión tiene el efecto de un golpe de corriente, pues en dos segundos alcanza la orilla. Los yacarés, desorientados, vuelven a sus escondrijos, al otro lado del río.
Mientras el tío estruja sus ropas y se saca el agua de los zapatos, ElMonito continúa su lento descenso, acercándose más y más a las copas de los árboles, hasta que ¡plum! se agarra de unas ramas y ya está en la selva; mejor dicho, donde termina la selva, o en lo más alto de la selva. Porque en la selva propiamente tal aún no está. Y si estuviera tal vez quisiera salir de ella a toda costa. Pues no hace más que comenzar a bajar por las ramas cuando siente un intenso cosquilleo. Al mirar sus zapatillas nota que han cambiado de color, de azul a pardo. Algo se mueve en sus piernas... ¡hormigas gigantes!
Ausilio, ausilio -grita- me van a comer las hormigas!
El tío, unos veinte metros debajo de él, se incorpora bruscamente:
-¡ElMonito! ¡Dónde estás!
-¡Aquí en el árbol de arriba, tío! ¡Unas hormigas me queren comer el puerco!
-¡Espántalas!
-No me atrevo porque me da julepe. ¡Me están subiendo por los güesitos de las rodillas!
-¡Espántalas con la mano, gaznápiro miedoso!
-Ya, bueno... ­váyanse, hormigas! ¡plaf! ¡plaf!... ¡Está resultando, tío, se caen! ¡pero son muy gigantes, son más gigantes que unas concunas!
-Ven, baja del árbol con cuidado. Estás muy arriba... así, así... ¡cuidado!... ahora, tómate de esa rama...
-Está muy refalosa la rama, tío, parece que me cuedo caer.
-¡Oye, cámbiate de rama, rápido, rápido!
-¿Por qué, tío? ¡Me estoy refalando!... Parece que... ¡la rama se mueve, tío!... ¡Una serpiente culebra! ¡Guaaaaaa!
-¡Es una boa, ElMonito! ¡Que no te atrape! ¡Suéltate! ¡Salta!
-¡Ayyyyyyy!
ElMonito vuela por el aire. Su tío corre a recogerlo antes de que toque el suelo.
-¡Ya te tengo! ¡Ya estás conmigo!
-¡Tío, la culebra me quería mascar la cabeza! ¡Le vi todos los dientes! ¡Tenía unos dientes más largos! Parecían cuchillos puntudos, como unas espadas que tenía en la boca, y cuando me miró me dio sueño, parece que me estaba hicnotizando, ¿nocierto?
-Mírala, allá va de nuevo, enroscándose en otra rama. ¡Qué maravillosa es la naturaleza!
-Vámolos de aquí mejor, tío, que la culebra los cuede alcanzar y si los alcanza los cuede mascar y los cuede tragar y descués tenemos que vivir adentro del puerco de la culebra y vamos a tener que prender una velita para ver en la oscuridá y tan bien vamos a tener que andar agachaditos, porque si los paramos la culebra no se cuede estirar tanto porque es flaquita, o sea no es tan flaquita, porque la culebra era medio gordita y era bien larga, tío, ¡era más larga que la culebra de Cuchinito!
-Tienes razón, movámonos y busquemos qué hacer. Estamos completamente perdidos en el Amazonas. Sólo Dios sabe si saldremos vivos de esto.
Tío y sobrino comienzan a reconocer terreno. Mientras más abren los ojos, más cuenta se dan del lío en el que se han metido... ¡por culpa del siniestro doctor Cao de Nanjing!
-Tío, tengo calor y no corre ni un vientito. ¿Me cuedo bañar en el río?
-No creo que sea conveniente. Esta agua es muy barrosa. Mejor internémonos un poco para ver si encontramos algún afluente. Necesitamos comida y agua potable. Eso es lo primero.
-Yo quería ir a Egisto a ver las pidámides.
-Olvídate de eso. Y reza para que salgamos vivos de ésta.
-¿Estamos en peligro, tío?
-¿Que no te has dado cuenta?
-Pero ya pasó el peligro cuando se fue la culebra. Ahora estamos tranquilitos caminando por la selva. Lo único malo es que hace mucho calor y tengo ganas de bañarme en algún río.
-¡Mira, qué suerte! ¡Un arroyo de agua cristalina!
-¡Qué rico, me voy a bañar al tiro!
-Espera. Déjame beber un poco de agua primero. ¡Mmm, qué rica! ¡Toma tú también!
-Ya. Está rica. Ahora me voy a tirar un piquero. Téngame la túnica para que no se me moje. ¡Mire, tío, aprendí a tirarme piqueros!... ¡Splash!
-¡Caíste de guatazo, tonto!
-¡No, si caí de puntita! ¡Mire como nado!
-Oye, ¿aún no aprendes a desarrollar un estilo?
-¿Qué?
-Nadas a lo perrito. Eso te cansa.
-No... no me... no me cansa... ¡Tío, no cuedo hablar porque me entra agua a la boca cuando estoy nadando y hablo!, así que mejor no voy hablar...
-¡Entonces cállate!
-Tío...
-Qué te pasa ahora.
-Me está picando el pirulín.
-Te lo habrás pasado a llevar con una rama.
-Me está picando más fuerte. ¡Me duele!
-A ver, sal del agua... Ven, tómate de mi mano....
-Ya... ¡Tío, tengo una cosa que me está mascando el pirulín!
-¿Qué? ¡Una piraña!
-¡Me duele!
-Ya te la saqué. Tranquilo. Mírale los dientes a este inocente pescadito.
-Chuta, tiene como unos clavitos en la boca. ¿Las pirañas son malas, tío?
-No son buenas ni malas, pero se pueden comer a un hombre en tres minutos. Andan siempre de a cientos.
-¿En tres minutos no más?
-Claro. Si sigues nadando, en tres minutos habría sacado puros huesitos de títere.
-Chuta que es peligrosa la selva del Amazonas, tío. La piraña casi me comió el pirulín y si me come el pirulín, ¿por dónde tengo que hacer pichí, tío?
-Por el chonguito.
-Yo cuando sea grande quero tener el pirulín grande como las personas grandes. Ahora lo tengo chiquitito y a lo mejor si la piraña me lo come lo habría tenido más chiquitito y más encima que a lo mejor me habría cortado el pirulín. ¡Menos mal que me salvé! ¿Usté cree que a lo mejor ahora que me mascó la piraña no me va crecer el pirulín o me va crecer el pirulín, tío?
-No te preocupes de esas leseras, ElMonito. Hay cosas mucho más importantes en que pensar en este momento. ¡Estamos perdidos en la selva!
-Tiene susto.
-¿Yo? ¿Qué? ¿Susto? No, te equivocas. ¡Es que me da rabia!
-Pero no se ponga nervioso. Mire. Vámolos por este caminito y a lo mejor llegamos a una ciudad y llamamos por el porteléfono para que los vengan a buscar, ¿no ve?
-Sí... veo. ¡Tonto leso, no sirves de nada!
-¡Me está retando!
-¡Es que me da rabia! ¿Tú no tienes susto acaso?
-No, porque estoy con usté.
-¿Eh? Ah, bueno, es verdad. El problema es que yo, ¿con quién estoy?
-Usté está conmigo, tío.
-Claro, contigo, eso ya lo sé... ¡uf!
-¿Quere que le rasque la espalda?
-Sigamos caminando, mequetrefe. ¡Y trata de no hablar!
-Bueno, voy a quedarme calladito, pero déme la mano.
-Ven, camina conmigo.
-Qué largos son los árboles del Amazonas, tío. ¡No se ve nada para arriba, ni siquera se ve el cielo!
-Así es.
-Tío, mire.
-¿Qué?
-¡Mire! ¡El maletín del dostor Cao de Nanllín! ¡Está botado en el suelo!
-¡Vaya, es verdad! ¡Por su culpa estamos acá!
-¡Ábralo para ver lo que tiene adentro!
-Bueno. Ahora sabremos qué escondía con tanto celo.
-Abralo con un palito.
-Espera, ya se abre... un poco más... eso es... ¡ahora!
-¡Tío, mire! ¿Qué son esas cosas?
-¡Oh! Son dos corazones de niños...
-¿Corazones de niños? ¡Uaaaa!
-¡Tráfico de órganos! Ahora entiendo lo del aeropuerto. Esos dos de la morgue se los vendieron y él les pagó con billetes falsos. ¡Todos son unos bandidos!
-¿Y para qué quere corazones de niños el dostor Cao de Nanllín, tío?
-La verdad es que no lo sé, ElMonito. Me imagino que es un traficante internacional de órganos y que los vende en otros países, pero...
-¿Ve que yo le decía que el dostor Cao de Nanllín era malo, porque cuando me quería examinar le vi que tenía las uñas largas y parece que me quería sacar el corazón, y cuando se sentó en el avión me dijo que yo tenía un lindo colazón?, ¿se acuerda?
-Tenías razón. Y yo no te hice caso. Botemos esto al riachuelo. ¡Ahí va!
-¡Chuta!
-¡Oh!
-¡Las pirañas se comieron los corazones al tiro!
-En menos de un minuto. ¿No te lo dije?
-Vámolos mejor, tío.
-Sigamos el sendero.
-Tío...
-¡Qué quieres ahora!
-¿Dónde estará el dostor Cao de Nanllín?
-No sé. Podría estar cerca de aquí.
-A lo mejor los viene siguiendo y sale de un árbol y descués me pilla y me saca el corazón. Me da susto.
-Tiene que haber muerto en el salto. Nosotros nos salvamos por milagro.
-Ojalá que se lo hayan comido las pirañas, tío. ¡O a lo mejor se lo comió la culebra, porque cuando la toqué estaba gordita y le salía como un cototo que parece que era la cabeza del dostor Cao de Nanllín que estaba adentro de la culebra!
-Ven por aquí. Sujétate... salta... ¡ahora!... Vamos por este otro sendero, que parece que es más ancho... Sigamos.
-Chuta. Parece que se está oscureciendo, tío.
-Tienes razón. Será nuestra primera noche en la selva.
-Qué rico, porque en la naturaleza se ven las estrellas en la noche y el cielo se llena de puntitos. ¿Se acuerda cuando me llevó al campin de Vichuquén y salimos a cazar la luna al árbol de las peritas?
-No me hacen gracia tus recuerdos, badulaque. ¡No tenemos dónde dormir ni qué comer y tú te acuerdas de puras leseras!
-No diga esas cosas, ¿no ve que me cuede dar susto y es malo que a los niños les dé susto? ¿Ve? ¡Ahora va salir la Calavera de Gual Disney y me va comer en la selva y no voy a poder volver al clóse y me voy a morir en la selva y descués va salir en el diraio que ElMonito se murió en la selva porque se lo tragó la Calavera de Gual Disney y ni siquera le hicieron un funeral, así que nadien fue al funeral de ElMonito...
-No digas esas tonteras. Hay un problema y es simple: se nos viene la noche y tenemos que pasarla de algún modo.
-Yo creo que si los quedamos dormidos debajo de un árbol no los cuede salir la Calavera de Gual Disney...
-¡El espíritu de Walt Disney no existe! ¡Son invenciones tuyas!
-¡No, tío, si existe! Una vez lo vieron que andaba en un cementerio, arriba de una crucecita. Tenía la forma de un fantasma con cabeza de calavera.
-Ven, creo que en este rincón nos quedaremos.
-Ya, pero me da susto, tío.
-Duérmete en mis brazos. Yo vigilaré.
-Ya... qué rico... hummm...
-Así es, muy bien, duerme... duerme...
-Zzz... hummm... tío...
-¿Qué?
-¿Cómo hacen pichí las mujeres, si no tienen pirulín?

(Continuará)

2 Comments:

  • At 7:58 PM , Blogger Cristian said...

    ¡Se salvaron jabonados, varias veces! Igual bien extrañas las preocupaciones de este títere en plena selva. Espero que hayan logrado lograr a alguna ciudad para llamar por el porteléfono y que los vayan a rescatar.

    Saludos!

     
  • At 9:05 PM , Blogger Melissa said...

    A mí me tinca que el Dostor Cao es bueno y llevaba los corazones de unos niños que habían muerto en forma natural para trasplantar a unos niños enfermos del corazón en Egipto ;-)

    Saludos!

     

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