ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Saturday, June 09, 2007

ElMonito va a Egipto (Capítulo 3)





EL SINIESTRO DOCTOR CAO DE NANJING


Dos azafatas se dirigen disimuladamente hacia el asiento 26-A y cuando están frente al pasajero le piden su maletín de mano, con toda elegancia.
Adivinen quién ocupa el asiento 26-A.
¡El doctor Cao de Nanjing, por supuesto!
-Señor, es un trámite sin importancia -le dice una de las azafatas, mientras trata de retirar el pesado objeto.
-Lo siento, quelida señolita -responde el doctor- pelo éste sel maletín de doctol Cao de Nanjing. Usal pala examinal colazón de los niños. No podel entlegal.
-Se lo vamos a devolver en un par de minutos -le dice la otra.
-Deseo más plofundo de doctol Cao de Nanjing selía complacel a señolitas, soble todo señolitas tan helmosas, pelo doctol no podel desplendelse ni siquiela un minuto del maletín. Además habel títele enfelmo que estal espelando atención.
Las azafatas se dan por vencidas y vuelven a la cabina a buscar al capitán, quien continúa comunicándose con Santiago para conocer más detalles acerca del real peligro que pudiera estar viviendo el avión, ya que un personaje como éste bien pudiese estar armado. Cuando le cuentan sobre la negativa del doctor, el capitán concluye que deberá ir a buscar personalmente el maletín. ¡Vienen momentos de tensión!
ElMonito y su tío ven pasar al capitán, muy serio, por el pasillo.
-Mire, tío, parece que el capitán va conversar con el dostor Cao de Nanllín.
-Tienes razón, ElMonito. Qué extraño.
-¿El capitán defila para el 18 de sectiembre, tío?
-Este capitán no.
-¿Por qué?
-Porque no pertenece a las Fuerzas Armadas.
-¿Y cómo tiene iniforme?
-Porque los capitanes de aviones usan uniforme.
-¿Y cómo no defilan entonces?
-Los bomberos tampoco desfilan, para que sepas.
-Ah, verdá. Una vez en mi colegio los bomberos defilaron con las bombas, tío, y justo cuando estaban defilando vino un incendio y salieron todos arrancando al incendio y las bombas empezaron a sonar papú papú papú y los niños tuvieron que hacerse para la dereda para dejar pasar las bombas y casi me atropellaron, porque yo justo estaba mirando para el otro lado.
-Bueno, ésos son desfiles especiales. Se llaman cívico-militares.
-¿Cínico-militares? ¿Qué es eso?
-Cívico-militares. La civilidad y el mundo militar.
-No entiendo.
-Burro. No sabes nada.
-¡Es que usté me esplica con palabras difíciles y yo no entiendo! A lo mejor soy tonto, por eso nadien me quere y todos no me queren y una vez el Toro le dijo al Martínez "ElMonito vale callampa" y al final me van a tirar al tarro de la basura, como un pobre perro de esos perros que se mueren y los dejan botados en la calle. Así, igual van a tirar a este pobre y triste ElMonito. Y descués cuando sea el funeral de ElMonito usté va decir: ‘‘Se murió ElMonito y era bueno’’...
-Ya te tiraste al suelo. Agradece que estás viajando en avión, bellaco.
-¡Porque yo me metí al bolso! ¡Usté me quería dejar en el clóse, para que sepa!
-Tienes razón. Pero ahora estamos juntos, que es lo más importante.
-Sí.
-¿Viste, ElMonito, que no es para tanto?
-Verdá. ¡Qués bueno usté, tío!
-Sí. Yo creo que soy uno de los tíos más buenos del mundo, ¿cierto?
-Claro.
-Toma un trencito.
-¡Gracias!
-¡Oye! ¡Mira!
-¿Qué pasa, tío?
-¡El capitán está discutiendo con el doctor Cao!
-¡El dostor viene para acá con el maletín, tío! ¡Me da susto!
(Se escucha la voz del doctor Cao en el pasillo, mientras se acerca al asiento de ElMonito.)
-¡Jamás lo entlegalé! ¡Cómo se le ocule que voy a entlegal maletín! ¡Yo sel doctol Cao de Nanjing y melecel mejol atención!
-Cálmese por favor, doctor, es sólo un procedimiento de rutina -trata de convencerlo el capitán.
-¡Pol ningún motivo! ¡Tlipulación estal humillando a eminencia científica, que sel yo! ¡Doctol tenel título de Jálval!
-Pero es que...
-¡El maletín no se able! ¡Y no se ablilá jamás!
-Entonces me obliga a... ¿Pero qué hace, doctor? ¡Qué está haciendo!
El doctor Cao bruscamente ocupa el asiento de ElMonito y sin que el tío pueda hacer nada, saca una pistola y se la pone al títere en la cabeza.
-¡Si me atlapan, títele molilá!
El capitán se echa hacia atrás. El tío no puede creer lo que ven sus ojos. ElMonito suplica:
Ausilio, ausilio! ¡Sálveme, tío, por favor, que el dostor Cao de Nanllín me quere disparar un disparo!
-¡Cállate, muñeco de tlapo! ¡Ésta es pelea de pelos glandes!
-Pero es que usté me cuede matar y yo no quero morir tuavía porque ahora voy a Egisto con ni tío a ver las pidámides de Egisto y tan bien a lo mejor voy a ver a Cleopatra y sus esclavos y a lo mejor no cuedo ver a Cleopatra y sus esclavos porque Cleopatra está fallecida y los esclavos tan bien están fallecidos, pero entonces voy a ver las momias de Cleopatra y sus esclavos, ¿no ve?
-¡Cállate, que me enfelmas!
-Deje tranquilo al niño...
-¡Y tú! ¡Cobalde! ¿Qué metelte?
-Soy el tío...
-¿Y qué impoltal eso a doctol Cao de Nanjing?
-Va ver no más que ni tío le va pegar porque ni tío es grande y tiene fuerza y tiene más fuerza que usté porque usté no es tan grande como ni tío, porque usté es más chico...
-¡Capitán, tlael scotch pala ponel en la boca del títele! ¡Doctol no aguantal más!
-No hables, ElMonito. El doctor tiene un arma.
-Yo tengo un poquito de escóch en el maletín, dostor. Si quere le cuedo emprestar. A mí me gusta pegar las cosas con escóch porque quedan pegaditas, lo único malo es que a veces el escóch se queda pegado en la cosita redonda donde sale el escóch y no lo cuedo sacar y tengo que ver dónde está la rayita para pasarle la uña y despegar el escóch, pero como yo no tengo uñas, porque tengo guantes, entonces no lo cuedo sacar, a propósito que la rayita no se ve porque es del mismo color del escóch, porque tan bien la rayita es de escóch, ¿no ve?, y tengo que esperar a ni tío para que me lo cueda sacar y tan bien a veces uso una tijera y saco la rayita del escóch y ahí me resulta, pero es peligroso porque... ¡una vez me corté la mano con la tijera, dostor, es verdá, no es mentira!
De más está decir que todo el avión dirige sus miradas al asiento de ElMonito. El copiloto ya ha dado la alarma a Santiago y el capitán suda de angustia. ¿Qué planes tendrá el siniestro doctor Cao de Nanjing con su rehén?
El doctor parece que hubiese escuchado nuestra reflexión, porque de pronto corta el diálogo y ordena a los pasajeros:
-¡Todos sentados con cintulón ablochado!
-¿Pero qué se propone...
-¡Gualdal silencio! ¡Usted, capitán! ¡Pasal palacaídas!
-N-no... hay...
-¡No impoltal! ¡Letilalse a la cabina, capitán! ¡Dejal pasillo pala que doctol Cao de Nanjing pasal con títele!
-¿A d-dónde quiere... ir?
-No hacel pleguntas. Dejal que doctol Cao de Nanjing caminal pol pasillo con títele...
El doctor comienza a desplazarse por el pasillo con ElMonito en sus brazos. Mientras con una mano agarra el maletín y afirma al títere, con la otra le apunta a la cabeza. Al tío, que seguía en su asiento, de pronto se le despierta un instinto desconocido y habla:
-Lléveme a mí en vez de ElMonito, doctor.
-Pol ningún motivo. Pol niño dal más que pol adulto. Niño sel más fácil de matal y de tomal en blazos. Adulto sel más pesado.
-No importa. Voy con ustedes.
El capitán trata de convencer al doctor:
-Por favor, doctor, no le haremos nada. Regrese al niño a su asiento...
Pero el doctor está decidido:
-¡Ablil puelta del avión!
El capitán se estremece:
-¡C-cómo se... le o-ocurre!
-¡Ablil de inmediato! ¡Me voy!
-¡Volaremos todos! -le recuerda.
-¡Ablil!
La azafata abre la puerta y el doctor Cao de Nanjing salta al vacío con el maletín. ElMonito logra zafarse del chino en el último segundo, pero la diferencia de presión es tan grande que la atmósfera chupa al títere y lo lanza también hacia afuera.
Ausilio, ausilio! ¡Me voy volando! -grita ElMonito.
El tío, que se afirmaba en un asiento mientras la azafata y el capitán hacían intentos por volver a cerrar la puerta, estira los brazos hacia ElMonito e inmediatamente es succionado:
-¡Allá voy, ElMonito! ¡Yo te salvaré! -grita, mientras vuela por los aires.
El doctor Cao de Nanjing, en plena caída, lanza una maldición que nadie escucha en la aeronave, porque ya la puerta se ha cerrado:
-¡Todos molilán!
(Continuará)

2 Comments:

  • At 9:37 PM , Blogger Melissa said...

    Uy! se puso pelúa la cosa. Menos mal que le tío Lamordes se puso valiente y siguió a ElMonito, en vez que no lo dejó solo.

    Oh! cómo podrán salvarse ahora?

     
  • At 1:18 PM , Blogger Cristian said...

    Yo quiero saber qué hace con los corazones de niñito finalmente. Me tiene intrigado.

     

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home