ElMonito

Me yyamo ElmOnito y tengo 7 años y ¡sienpre boi en primero, nunca paso! Ni tio el señor Lamordes sienpre me reta por qe puro cree qe qero comer chocolate trencito en vez qe llo lo qe puro qero es no aburrirme y jugar. Ogalá jugar a la pelota o tan bien jugar plaistechon o tan bien pegar láminas de álbun. Ni tio es periodista y me ase dormir en el close de su ofisina. Ni tio dise que me qere bastante. LLo tan bien lo qero a él pero es muy retón. Grasia.

Tuesday, June 05, 2007

ElMonito va a Egipto (Capítulo 2)



(Dibujo: ElMonito)


¡ELMONITO A BORDO!


¿Será posible?, piensa Lamordes, mientras deja el whisky en la mesita plegable del asiento vacío. Nervioso, corre el cierre del bolso de mano y...
-¡ElMonito!
-¡Mi querido tío señor Lamordes! ¿Ya llegamos a Egisto?
-¡Cómo se te ocurre! ¡Qué has hecho!
-Tiene olor a vino, tío. ¿Está curado?
-Calla, animal. Me estás metiendo en un tremendo enredo.
-¿Por qué?
-No tienes pasajes ni pasaportes. ¿Sabías que los niños pagan en los aviones?
-Pero yo no soy un niño, en vez que soy un títere.
-Ahora que te conviene lo dices. ¡Para que sepas, los títeres como tú también pagan!
-Pague entonces.
-Arriba del avión no se puede pagar. Hay que pagar abajo.
-Entonces pague cuando bajemos a Egisto.
-Pero si no tengo plata. Este viaje obedece a una invitación. ¿No sabes acaso lo caros que son los pasajes?
-¿Cuánto valen los pasajes, tío?
-Como 1500 dólares.
-Chuta. ¿Eso es harto o poco?
-Harto.
-Ah, entonces no pague. Mejor me calo no más en el avión y cuando lleguemos a Egisto me mete de nuevo en la maleta y cuando lleguemos a las pidámides me saca de la maleta, porque yo quero ver las pidámides y tan bien quero ver a Cleopatra y sus esclavos y tan bien quero ver la tumba de Tutankamón. ¿Es verdad, tío, que cuando abrieron la tumba de Tutankamón vieron que le faltaba un coquito al faraón?
-¡Imbécil! ¿Dónde aprendiste eso?
-Me lo enseñó una agüelita que se llamaba Fani. Dijo que antes había una canción así.
-Mmm... qué hago con este gaznápiro. ¡Ni siquiera tiene pasaporte!
-No se enoje tanto, querido tío...
-¡Es que las tonteras que se te ocurren, tarado mental! ¡Nos van a llevar presos a los dos!
-Pero pegue esta foto que ando trayendo en un papelito y hace un pasaporte, ¿no ve que es fácil?
La discusión atrae a la azafata, quien pregunta si el títere está enfermo. Lamordes y ElMonito se miran. El tío responde, con la cara descompuesta:
-No, no, no es nada.
Pero ElMonito se mete en la conversación, como siempre:
-Es que lo que pasa es que ni tío parece que está curadito porque tomó vino y a mí no me dieron nada y yo quero comer papas fritas y tan bien quero Coca-Cola y un chocolate trencito osinó un chocolate con maní.
La azafata ríe y vuelve de inmediato con el pedido. ElMonito se pone feliz. Su tío respira, aliviado, pero le advierte:
-Agradece que no se dio cuenta que entraste sin pasaje. Porque de lo contrario te habrían tirado por la ventana.
Los dos sonríen. ElMonito obliga a su tío a sentarse en el asiento desocupado, porque él quiere ir mirando por la ventanilla. Todo marcha bien hasta el momento, pero un extraño personaje se les acerca de pronto.
-Buenas taldes, señol -le dice al tío Lamordes.
-Buenas tardes.
-Qué lindo títele. Escuché que estal enfelmo.
(Qué raro -piensa el tío-, un chino en el avión. ¿Será el famoso doctor del que hablaban en el aeropuerto?)
-No es nada, señor, le duele un poco la garganta, nada más.
-Ah, ésa sel una de mis especialidades. Pelmítame que me plesente. Soy el doctol Cao de Nanjing.
-Mucho gusto... ¿doctor?... ¿Cao?
-Doctol Cao de Nanjing.
El tío introduce un arriesgado tema de conversación.
-Doctor Cao de Nanjing. ¿No es usted el doctor que trabaja en la morgue?
-¡Qué! ¿Cómo dice?
-... La morgue, el lugar donde se practican las autopsias.
-¿Cómo poseel ese dato, que pol lo demás sel incolecto?
-Es que lo vi en el aeropuerto.
-¿Vel al doctol Cao de Nanjing en aelopuelto? ¡Qué intelesante!
-Esteee, no a usted. A unos funcionarios de la morgue.
-¡Qué! ¿Dónde? ¿Subilían al avión? ¿Sabel eso usted?
-Me parece que no abordaron la aeronave, doctor. Andaban buscando un maletín extraviado, me parece. Yo pensé que usted...
-¿Convelsal con ellos?
-No.
-Doctol Cao de Nanjing no conocel a nadie. Doctol viajal solo a un congleso, pala que sepa. Doctol no tenel amigos. Peldón, tenel muchos amigos, pelo sel todos niños.
-¿Viaja a Egipto también?
-No, doctol bajal en plimela escala. En Lío de Janeilo. Pelo déjeme examinal a este títele, que palece que le duele el colazón.
(Qué raro -vuelve a pensar el tío-. Insiste en auscultar a ElMonito. Y si lo hace, ¿habrá que pagarle?)
-No es necesario, doctor, no se moleste -le dice.
-Todo lo contlalio. Pala mí sel un veldadelo placel.
ElMonito reacciona, angustiado:
-Tengo miedo, tío. No quero ir al dostor, porque me cuede poner una indección.
-¡No pleocupalte, quelido niño! Doctol Cao de Nanjing no ponel inyección. Doctol Cao de Nanjing sólo examinal colazón de los niños, polque sel especialista en ese ólgano.
-Pero se trata solamente de una leve molestia en la garganta, doctor. No es para tanto.
-¡Sel pala tanto! Este... peldón... me emocioné. Sel extlemadamente impoltante, honolable señol, polque galganta mala puede peljudical colazón de los niños.
-Bueno, si usted insiste... aunque no creo...
-Déjeme examinal con tlanquilidad.
-¡No quero, tío! Me da miedo el dostor Cao de Nanllín, porque tiene las uñas largas.
-Es pala sacal... peldón... pala examinal mejol colazón de los niños.
-¿Sabe, doctor? Mejor dejémoslo para más rato, porque ya van a dar el almuerzo.
-Pelo el títele ya almolzó.
-Esteee... fue sólo un tentempié...
-Ya no quero comer más, tío, porque se me quitó el hambre con las papas fritas. Ahora tengo como una pelota en la guata y me da como una cosa. Parece que cuando me tomé la Coca-Cola no me salió niun chanchito.
-Calla, animalejo. Sé más educado.
-Con mayol lazón entonces hay que examinal. Títele puede enfelmalse...
-¡Yo nunca me enfermo, para que sepa! Y la última vez que estuve enfermo me pusieron una indección y como apreté tanto los cachetes la buja se dobló y salió toda doblada y más encima me tuvieron que poner de nuevo la indección porque la enfermera dijo que el líquido no había entrado porque la buja se había doblado y no había dejado que pasara el líquido.
-Doctol Cao de Nanjing nunca colocal inyección a los niños...
-Está bien, doctor Cao, le creo. Pero luego del almuerzo nos visita, ¿de acuerdo?
-Si desea, mientlas usted almolzal, yo examinal al títele.
-Prefiero que no.
-Mmm... bueno, honolable señol, como usted diga. Pelo lecuelda, quelido títele: el doctol Cao de Nanjing letolnalá.
(El doctor Cao vuelve a su asiento. El tío le comenta a ElMonito.)
-¡Qué doctor más extraño e insistente!, ¿no crees?
-Yo creo que cuede ser un dostor malo. ¿Hay dostores malos, tío, o todos los dostores son buenos?
-Hay buenos y hay malos, pero en general la gente piensa que todos son buenos, por el sólo hecho de ser doctores.
-A mí me gustan los dostores buenos y yo creo que el dostor Cao de Nanllín es malo porque tiene las uñas largas.
-Es tu imaginación. Parece un doctor como cualquier otro, con la única diferencia que es chinito.
-¡Pero los chinos con uñas largas son malos, tío! Además que son misteriosos y más encima que una vez se comieron los ratones y por eso en China se murieron los gatos, porque se pusieron todos flaquitos y como les dio tanta hambre pararon las patitas, porque no podían comer ratones, porque los chinitos se habían comido los ratones. Y quedó un puro gato vivo, que se llamaba Gato Estinfis. ¡No tiene pelos! ¡Tiene cuero de gallina y las orejas largas, tío!
-Lo confundes todo. Una cosa es la gran hambruna china y otra cosa es ese gato, llamado de verdad ‘‘Gato Esfinge’’, que es una raza de laboratorio.
-Me da miedo el Gato Estinfis, tío.
-¿Dónde leíste esta historia?
-En el Discoveriquís, tío. Es verdá, no es mentira.
-Estás viendo demasiada televisión. Vamos a revisar tus hábitos de aquí en adelante.
-¡Tío, viene la zafata con las bandejas con la comida!
-Mmm... ¡qué bien huele!
-Yo quero comer puros chocolates.
El tío abre el papel aluminio de su platillo y ante su vista queda una sabrosa carne de lomo en salsa blanca, con verduras cocidas. Corta un buen pedazo y lo trincha para llevárselo a la boca. En ese momento le habla de nuevo su "querido mequetrefe".
-Tío, quero hacer caca.
-¡Cómo! ¡Justo ahora, infame!
-Sí.
-Espera un rato.
-Ya me hago.
-¿No puedes aguantar?
-Es que me voy a hacer. ¡Se me está saliendo una puntita, tío!
-Vamos de inmediato, entonces. ¡Lo único que faltaba!
(En el baño.)
-Ahhh...
-¿Hiciste?
-Sí, ya hice, pero me falta un poquito. Mire, tío, que hay hartas cositas en el baño.
-Son jabones y toallas de papel.
-¿Y para qué sirven?
-Para lavarse y secarse las manos.
-Ah. ¿De dónde sacan el agua los aviones?
-No sé. Apúrate.
-Ya terminé. Límpieme no más.
-Listo. Vamos.
-Qués chico este baño. Y no tiene ninguna ventana, tío. Oiga, ¿cuando uno tira la cadena la caca cae para abajo de la tierra?
-¿Sabes? La verdad es que lo ignoro.
-A propósito que una vez cuando estaba abajo en la tierra parece que me cayó un poco en la cabeza, más encima que parece que era caca de paloma, tío.
-Seguro.
Una vez que retornan a sus asientos, el tío vuelve a comer hasta raspar su plato. ElMonito casi no toca la comida de su bandeja, porque se entretiene mirando por la ventanilla.
-¡Tío, se ve la tierra como verde y un río de culebrita! A lo mejor la caca cayó al río y el río se contaminó.
-Mmm... no digas garabatos... crunch... debemos estar volando sñam, crunch... crunch... sobre el Amazonas.
-Chuta. Menos mal que los cocodrilos no tienen el cuello como las jirafas, porque osinó a lo mejor estiran el cuello y mascan el avión.
Mientras tío y sobrino conversan animadamente (más el sobrino que el tío) en la cabina, el capitán recibe un llamado desde el aeropuerto, que le advierte sobre... ¡un maletín refrigerado que contiene dos corazones de niños, recién extraídos en la morgue! El terrorífico maletín lo lleva el pasajero del asiento 26-A. La tripulación se reúne de inmediato para analizar este grave caso de tráfico de órganos. La decisión no tarda en llegar: hay que interrogar discretamente al pasajero para comprobar la veracidad de la denuncia. Pronto se elabora una estrategia que no ponga en peligro la vida de los pasajeros.
¿Quién habrá hecho la denuncia? ¿El Chamelo y el Cochefa? ¿Y quién será el traficante?
(Continuará)

4 Comments:

  • At 1:13 AM , Anonymous Negra... said...

    OHH¡¡ pase a saludar a ElMonito¡ y su querido tio... despues de mucho tiempo (seguramente ya ni se acordaran de mi)y me encuentro con la sorpresa que van viajando a egisto, ni siquiera han llegado y ya les han pasado un monton de cosas¡¡
    Tio¡¡¡ no deje que el doctor examine a ElMonito¡¡¡
    (tus historias ElMonito me alegran el día)
    Saludos...

     
  • At 9:59 PM , Blogger Melissa said...

    Oh!
    Ya se está poniendo negra la cosa en el avión. Pobrecito ElMonito, donde se fue a meter!

    Espero el próximo capítulo.

     
  • At 1:50 PM , Blogger Cristian said...

    Ese doctor Cao siempre me dio mala espina... Me he hecho las mismas preguntas sobre los baños de los aviones y los buses. Saludos!

     
  • At 10:33 PM , Blogger Melissa said...

    Qué lindos los dibujos!

     

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